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“El Estado debería hacerse cargo de preservar la biodiversidad”
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“El Estado debería hacerse cargo de preservar la biodiversidad”

De JORGE JORQUERA25 mayo, 2015

“El Estado debería hacerse cargo de preservar la biodiversidad”

Asegura José San Martín, académico de la Universidad de Talca, quien se refiere a los daños incuantificables que han provocado los más de 6 mil incendios forestales producidos durante la actual temporada.

“Variedad de especies animales y vegetales en su medio ambiente”, así define la biodiversidad el Diccionario de la Real Academia Española. Chile es uno de los países más ricos en la materia, al contar con más de 30 mil especies de organismos vivos conocidos. Sin embargo, durante los últimos años se ha encontrado con un poderoso enemigo que atenta contra su existencia, como son los incendios forestales.

En la actual temporada (agosto 2014-abril 2015) se han producido 6 mil incendios forestales, consumiendo 105 mil hectáreas a lo largo de todo el país, según la información oficial que entrega la Corporación Nacional Forestal (Conaf). Imágenes de lo ocurrido en el Parque Nacional Conguillío (Región de La Araucanía) dieron la vuelta al mundo y mostraban cómo centenarias araucarias eran consumidas por el fuego, perdiendo parte del rico patrimonio nacional y generando la interrogante de si esos paisajes que tanto atraen a turistas nacionales y extranjeros, se pueden recuperar.

El Doctor de Biología y Ciencias de la Universidad de Talca (UTAL), José San Martín Acevedo, quien actualmente ejerce como académico e investigador del Instituto de Biología Vegetal y Biotecnología, se refiere a esta materia..

¿Cuáles son las principales consecuencias que dejan los incendios forestales respecto a la pérdida de biodiversidad?

Hay que partir señalando que el sistema no puede volver a ser el mismo, concepto que es conocido como resiliencia y que significa que pierde su capacidad de recuperación. El fuego no sólo quema biomasa sino que provoca que muchas veces los componentes originales desaparezcan y dejen el lugar a otros elementos, los cuales son conocidos como pioneros.

La zona más afectada es la subterránea porque ahí hay un mundo microbiológico: hongos y bacterias, que son los que reciben lo que las plantas eliminan del suelo, como flores, hojas, frutos y semillas, y ellos transforman ese material y lo mineralizan para que pasen a ser componentes del suelo. Por eso cuando se saca la cobertura aérea producto de los incendios, queda todo este sistema expuesto y, si hubo combustión, muere toda esa flora bacteriana y ecológica. Esto provoca, por ejemplo, que se atente contra los insectos que viven en esas zonas.

¿Y qué pasa con la flora y fauna?

Un incendio provoca que se pierda el hábitat para muchas especies que viven o dependen de esa vegetación; se rompe toda la cadena trófica del sistema porque se produce un desequilibrio muy grande; cambia la forma en que circulan los nutrientes, ya que al transformarse en ceniza quedan en la superficie y se esparcen con la lluvia y el viento, provocando una gran pérdida de ellos; los componentes macroscópicos del sistema (como hongos, plantas pequeñas, enredaderas, yerbas, arbustos y árboles) están representados por un número de individuos, donde cada grupo representa una especie y eso hace que los sistemas sean heterogéneos, por lo que los incendios atentan simplificando toda esa diversidad.

Lo anterior trae como consecuencia que los espacios los empiezan a ocupar los más hábiles desplazando a los más débiles. Eso está pasando en la comuna de Florida (ubicada a 42 kilómetros de Concepción), donde el incendio del año pasado quemó biomasa aérea, lo que trajo como consecuencia el arribo del aromo, una planta que no es nativa sino que introducida y que debido a la humedad ambiental crece con rapidez. Además impide que lleguen otras especies distintas a ellas, como el culén, ya que en la floración sus hojas concentran una sustancia química que al entrar en contacto con el suelo inhibe el crecimiento o floración de otras especies y por eso las plantaciones de aromo son tan puras. Nuestras plantas nativas ante eso no tienen nada que hacer porque crecieron acomodadas a un sistema y las que vienen de afuera son más rápidas en ese sentido.

¿Cuáles son las principales consecuencias de la ausencia de biodiversidad?

Uno se entera que producto de los incendios se han encontrado pudúes muertos en Constitución, animal silvestre que aún existe en la zona, pero no piensa en las aves, que son las que viven en los matorrales y en el bosque, quienes en su mayoría son controladoras de insectos, otras comen frutos y otras semillas. Éstas cuando se trasladan defecan y esparcen semillas, entonces cuando se quema eso las aves se van y se pierde todo. Segundo, hay reptiles que uno muchas veces no los ve, como lagartijas y serpientes, quienes controlan otro tipo de bichos. También hay arañas que cuentan con una enorme diversidad. Toda esa diversidad se pierde sin haberla conocido o estudiado antes. En Europa hay muchos expertos que estudian los sistemas naturales para sacar modelos y reproducirlos en ambientes artificiales.

Al quemarse las plantas, arbustos y matorrales, se va una fuente de flores, que ofrecen polen y néctar, el cual es usado por los insectos que viven de eso, como el picaflor, lo que principalmente afecta al sector apícola. En esos lugares hay colmenares, que al estar libres de efectos agroquímicos, tienen el rótulo de miel orgánica.

También se afecta el paisaje, cambia su escenario. Es deprimente porque se pierde el bosque, los matorrales, los caminos, lo turístico, pese a que los chilenos aún somos sedentarios para hacer recorridos de senderos. En ese sentido nos falta mucha educación, porque la gente va a botar basura, a ensuciar o destruir. Uno va a la parte más alta de Vilches y se encuentra con botellas de pisco o vidrios, los cuales se calientan y puede generar una combustión.

¿Es posible recuperar el daño que deja un incendio forestal?

Recuperar todo esto es un proceso largo. Hay iniciativas, pero no hay cómo cubrir los costos para volver al sistema original. Lamentablemente todo tiene un costo y cuando se quiere restaurar un sistema, implica una serie de elementos como la recolección de semillas, luego seleccionarlas, hacer el vivero, producir las plantas, mantenerlas al menos durante un año con riego, con controles de hongos, con nutrientes. Hay que llevarlas al terreno, si son 3 mil plantas, son 3 mil hoyos, por lo que se necesita gente para eso.

Una vez plantadas necesitan cuidado, necesitan sombra. Se debe hace un seguimiento al menos de cinco años, para asegurar que la planta finalmente se establecerá en el sistema, ya que si muere hay que reemplazarla. Se debe cercar para que no esté al alcance de animales, hay que implementar sistemas de riego, etcétera. Todo esto lamentablemente no se practica en Chile.

Por ejemplo, en el incendio que afectó el Parque Nacional Conguillío se perdieron decenas de araucarias, uno de los árboles más antiguos que tenemos en Sudamérica, que muchas veces alcanza los mil 500 años de vida y eso es invalorable y irrecuperable. Uno escucha noticias de expertos en el tema que dicen que son reemplazables, pero para ver la misma araucaria hay que esperar al menos 500 años y quienes financian estas actividades quieren ver resultados rápido y no es así, con suerte cinco generaciones posteriores podrán ver los resultados.

¿Qué rol debe ocupar el Estado, la sociedad civil, y el mundo privado de preservar estos lugares?

Uno ve que en todos los discursos, ya sea a nivel académico, empresarial e incluso del Estado a través de los gobiernos, todos hablan de preservar la biodiversidad. Uno ve que Chile firma todos los convenios extranjeros, como el Convenio de Biodiversidad, pero no cumple ninguno de ellos. Cuidar significa invertir y nosotros no tenemos los recursos para, por ejemplo, proteger los sistemas más representativos de cada región para excluirlos de su uso y dejarlos como testigos de lo que alguna vez hubo en nuestras tierras. La limitante es el tema económico porque conservar significa gastar.

Lo que hay que hacer es tener un nivel cultural más alto, tener la capacidad de sensibilidad respecto a nuestro entorno, sin importar siquiera que sea privado, ya que igual es parte del sistema. Finalmente nos preocupamos cuando queda muy poco o ya no queda nada y ahí empezamos a vivir de imágenes. El huemul está en nuestro emblema patrio, pero cuántos chilenos pueden decir que han visto alguno, sólo quienes pueden acceder a los extremos. ¿Por qué se llegó a eso? porque no lo protegimos, no habilitamos espacios adecuados, ya que ellos son tímidos, sensibles a otros animales y necesitan tranquilidad, no que los anden persiguiendo. Entonces, si hubiera una conciencia de estas tres partes, se podrían hacer muchas cosas y ser pioneros en la materia.

¿Quién debería encabezar esto?

Creo que es el Estado debería hacerse cargo de preservar la biodiversidad, ya que ellos son quienes fijan las reglas para el país y creo que tendría mucho apoyo del mundo académico. Hay muchos proyectos en la materia y hemos invertido mucho tiempo en esta temática porque es un tema que nos atrae. Chile tiene 13 millones de hectáreas y se comprometió a proteger un 10% más a través de acuerdos internacionales, pero si se sacan los costos, uno se da cuenta que es imposible.

ETIQUETAS: BIONOTICIAS

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Sobre el Autor
JORGE JORQUERA

Ingeniero en Prevención de Riesgos